11 enero 2010

Nada...


Nada es tan intenso, ni tan sumamente banal. Todo se simplifica a la clara necesidad de ser. Ya no hay recovecos en los que barajar la posibilidad de esconderse, ni agujeros con la suficiente profundidad como para pensar en precipitarse. No existe ninguna garantía de certeza, ni intención de trepar a ciegas sobre el árbol de la esperanza. Sólo el hacinamiento desesperado de un ejército de quizás bajo el techo quebradizo de la templanza. Ni sueños ni pesadillas, ni dudas ni porqués, ni migajas de sentimientos que resten capacidad a la razón. El corazón sobrevive sumergido en formol, tentado a ratos de volver a latir en sístole mayor. La tristeza, pendenciera, muere.
Muere la tristeza... Muere.

Y el azar, caprichoso, sigue lanzando sus dados.

3 Comments:

At 12:33 a. m., Anonymous Anónimo said...

Triste :(

 
At 1:03 a. m., Blogger Kiukara said...

Ni triste... Ni alegre... ¿No crees?

 
At 1:48 p. m., Anonymous lageito said...

Excelentes reflexiones de un estado anímico que no decide ni por lo alegre ni lo triste, sino que se mantiene neutro esperando lo que depare el azar. Un abrazo!!

 

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